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El Conde

Sábado, 15 de Octubre de 2011 17:51

Siete años y un punto de inflexión

Parece que fue ayer cuando entré por primera vez en el local de la murga para presentarme como nuevo componente y vi a toda esa gente mirándome. El local no estaba como ahora, la planta baja era prácticamente un sótano en el que la luz del sol parecía que entraba con miedo. El suelo estaba casi todo levantado, el olor natural era el de humedad mezclado con caucho y las ratas pasaban más tiempo dentro que la propia murga. La pared era también algo indescriptible. Estaba a medio encalar e incluso se veía algún que otro hierro saliente.

El piso de arriba estaba algo más habitable. No consigo recordar cómo estaban las paredes porque estaba sentado en una silla delante de toda la murga respondiendo las preguntas que me hacían. Lo que sí recuerdo es que había cerca de cincuenta personas allí dentro. También recuerdo que ese mismo año entraban conmigo a la murga personajes hoy tan ilustres para los ‘Niquito’ como Chano, Samu y Juanjo; entre otros.

Corría el año 2004. En esa primera reunión se dijo que el Ayuntamiento se iba a hacer cargo de la reforma del local durante el verano y que la inauguración tendría lugar el sábado día del desfile inaugural del Carnaval 2005. La vuelta a los ensayos fue muy esperada. Todos; viejos y nuevos, teníamos ganas de ver cómo había quedado el local. ¡Una maravilla! Teníamos más enchufes, menos peligro de cortocircuito (por los experimentos tecnológicos de Armando), más entrada de luz natural y, lo más importante, más ventilación (aunque más tarde Armando, como no, se encargaría de ampliar esto con un extractor ‘casero’). Y empezamos ansiosos los ensayos ‘estrenando’ el local y las duras jornadas de trabajo en la elaboración del gorro. Este Conde melancólico recuerda con cariño ese primer año murguero desde el primer ensayo hasta la actuación de la final. Actuación que fue suficiente para que el jurado fallase a nuestro favor dándonos el primer premio de interpretación.

Siete años han pasado desde entonces y en este tiempo no solo el local ha sufrido cambios importantes, que también. Entre el año pasado y lo que va de este se ha vuelto a pintar la planta baja, se ha redecorado el local, se ha instalado un sistema de sonido con tres micrófonos, se ha hecho una ‘barra de bar’, se ha instalado una plancha, un fregadero y hasta ¡un billar! Cambios que han significado un punto de inflexión también para un grupo que vuelve poco a poco a sus orígenes carnavaleros, adaptándose a los tiempos que corren y sabiendo superar las adversidades después de más de un cuarto de siglo en el Carnaval.

Ni uno más ni uno menos, siete años después vuelvo a ver a más de treinta componentes en los dos primeros ensayos del año. Siete años después vuelvo a ver un grupo unido, comprometido, animado, ilusionado y con ganas. Siete años después vuelvo a ver el verdadero espíritu de la Murga Ni Quito Ni Pongo. Porque siempre hemos sido un grupo “desordenado dentro de un orden”.

“Señores, escuchen esta historia que ahora les vamos a cantar de una Murga que se presenta y se divierte en el Carnaval…”.

Un saludo!

El Conde

Domingo, 15 de Mayo de 2011 19:30

Sabado. Si comes mucho ten cuidado.

Una semana despues del regreso de la expedicion es como si todos acabaramos de llegar hace solo unas horas. No es algo muy extraño si tenemos en cuenta que ha sido una experiencia muy enriquecedora en todos los sentidos. Y cuando digo en todos es literalmente.

Sin ninguna duda lo mejor del viaje fue Pablo. Este chico fue el encargado de llevarnos por cada rincon de Tenerife que le pedimos. Fue el que aguanto de todo dentro de la guagua: nuestras jaquecas y 'berrios', las resacas y harteras; y algunas que otras cosas mas que supo aguantar como un gran profesional. Incluso se hizo amigo de Fermin. Vamos, fue nuestro chofer. La nota negativa la puso nuestro querido Chano cuando a las 2 horas de estar en la guagua rompio el cable del microfono. 

"Tranquilo Pablo, yo te arreglo esto... ¡ahi va Pablo! Se rompio solo..."

Como no podia ser de otra forma teniamos que dar la nota alla donde ibamos. Una vez en el hotel fue Kiko el que decidio darse a conocer rapidamente colgando una bufanda de la UD Las Palmas en la ventana de su habitacion. Mencion especial tambien a esa ventana que no recibio ninguna pedrada.

Y llegamos al paraiso. Para los que no lo conocen, el paraiso son cuatro paredes con una barbacoa inmensa y mucha carne fresca donde dan la posibilidad al visitante de sentarse a disfrutar de una de las mayores exquisiteces, gastronomicamente hablando; y tiene nombre: El Fonil. Era la primera parada (obligada) en nuestro recorrido por tierras chicharreras. La segunda, por necesidades intestinales, fue el hotel. Si hay algo que protocolariamente esta prohibido hacer despues de tal almuerzo por el grado de peligrosidad que supone es intentar abalanzarse en grupo sobre un individuo inocente tumbado en una cama. ¿La razon? Se rompe y van todos al suelo. Ante tal estampa, Abelardo solo pudo pronunciar unas pocas palabras mientras se echaba las manos a la cabeza:

"¡Esa es mi cama! ¡Es mi cama!"

Por si hay quien piensa si esto ha sido todo... Mejor asi, pero el domingo fue un dia muy largo. Sino, que le pregunten a Pablo. Continuara...

Un saludo!

El Conde

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